Un sistema cerrado es un sistema artificial, mecánico (un celular, un auto, un reloj, una computadora, cualquier maquinaria).  Son sistemas relativamente simples pero sujetos al deterioro: tienden a desordenarse y a des-energizarse. Por tanto, requieren de mecanismos de control; requieren de la intervención directa del hombre para monitorearlos, energizarlos y ajustarlos de manera permanente.  Son sistemas de control jerárquico centralizado con altos costos y grandes desperdicios. 
Controlar un sistema cerrado tiene un alto costo pues se genera una lucha permanente contra la entropía. La entropía puede explicarse como un efecto natural de dispersión de información y energía.   Hay sistemas más eficientes que otros pero todos los sitemas cerrados tienen una gran pérdida de energía e información.  Piensa en el demonio de LaPlace -si conoces la historia- o en la burocracia. 
Un sistema abierto, es un sistema vivo (células, órganos,  organismos, sociedades, ecosistemas). Es un sistema de orden complejo  con la capacidad de auto-ordenarse y nutrirse de manera natural de información y de energía.  Los sistemas abiertos  son sumamente eficientes, se adaptan con facilidad a los cambios, evolucionan y generalmente, se vuelven más complejos en cada iteración.  Su orden, se dice que es caótico; es otra manera de decir que es un orden extremadamente complejo.  Estos sistemas vivos se ubican en una frontera que los científicos llaman la criticalidad: un estado creativo entre el orden y el caos.  Son anti-entrópicos aunque no inmortales. 
Los sistemas abiertos son sistemas de auto-ordenamiento descentralizado y distribuido. Nadie controla a nadie, todos se fortalecen con la interacción mutua.  Son por tanto, mucho más resistentes los sistemas abiertos que los cerrados.  
Si aplicamos estos conceptos a los sistemas sociales o políticos el análisis se vuelve sumamente interesante.  ¿Qué tipo de sistemas políticos estamos tratando de construir? ¿Un sistema cerrado o un sistema abierto? 
Si lo que estamos construyendo socialmente son sistemas cerrados, además de los altos costos para administrarlo, invariablemente tendremos un efecto paradoja: estaremos provocando justo lo que queremos evitar. Los efectos negativos pueden observarse en infelicidad, pobreza, injusticia, inequidad, crimen, basura, desperdicio, intranquilidad, violencia, guerras, muerte, enfermedad, destrucción. 
Si se trata de imponer un sistema cerrado a uno que por naturaleza es abierto, como la sociedad, los efectos paradójicos se multiplican a medida que el sistema se hace más complejo. 
El famoso “bien común” es eso, de todos y para todos; todos lo vigilan y ninguno es capaz de influirlo más que en su pequeña proporción. 
¿Es esto la causa del descontento mundial con los sistemas político-administrativos? ¿Se percibe el afán de control por las élites para que el beneficio sea privado y el costo público? ¿A quiénes benefician los sistemas cerrados? 
¿Los partidos políticos, los procesos legislativos, las políticas públicas, los procesos judiciales, los sistemas de rendición de cuentas promueven sistemas abiertos o cerrados? 
¿La internet y las aplicaciones que operan en ella son sistemas cerrados o abiertos o una combinación de ambos? ¿Se genera equidad en la competencia o disparidades abismales? ¿Cómo viene a influir la tecnología de block-chain (poder, costo e información distribuido) en todo esto? 
La globalización es un efecto ineludible de la complejidad y de la apertura en los sistemas nacionales pero ¿por qué ha generado una reacción adversa? 
Más de fondo ¿por qué requerimos de sistemas de gobierno centrales en una era en que podemos descentralizar o mejor aun, distribuir el poder y la información? 
¿Por qué la comunidad científica también ha pecado de esconder la información y la discusión? ¿Qué intereses hay detrás de esto? ¿Quién se opone a que se distribuya el poder, la energía, la información, el conocimiento?  
¿Estamos en el albor de una nueva era que irreversiblemente pugna por sistemas sociales abiertos o aun seguimos pensando en transferirle el poder a otros y no a todos?  
Autor: Santiago Roel R.