• El 2019 cerrará como el año más violento 
  • No hay un punto de inflexión 
  • Es momento de aceptar el fracaso y replantear la estrategia
Este año, la mayoría de los delitos se mantienen al alza. Con datos actualizados a octubre, la comparación contra el año anterior no es positiva. La mayoría de los delitos muestran un incremento. Los únicos delitos que muestra una reducción son el robo de auto (-12%) y el robo a casa (-2%). 
El resto de delitos de alto impacto, patrimoniales o socio-familiares muestra un incremento en el año: 
  • Homicidio (1%)
  • Secuestro (5%)
  • Extorsión (35%)
  • Narco-menudeo (21%)
  • Robo a negocio (6%)
  • Violencia familiar (11%)
  • Lesiones dolosas (5%)
  • Violación (11%)
  • Feminicidio (11%). 
“En octubre, el gobierno federal anunció un supuesto punto de inflexión, un cambio positivo en reducción violencia, basados en la cantidad de homicidios por día, pero nosotros no observamos eso. Es cierto que junio ha sido el mes más alto del año con 2,560 carpetas de homicidio, y que a partir de ahí los siguientes meses muestran una menor incidencia. En julio se reportan 2,543; en agosto, 2,486; en septiembre, 2,405, pero ya en octubre, la cifra vuelve a subir a 2,430 “ comentó Santiago Roel, titular del Semáforo Delictivo, “se trata de ligeras variaciones que no logran constituir una tendencia clara de reducción. Sí vemos, una estabilización en los homicidios con respecto al año anterior, pero se mantienen muy altos, muy en rojo, muy por arriba de la media histórica, al igual que el resto de los delitos de alto impacto”.
El Semáforo Delictivo es una herramienta de toma decisiones y rendición de cuentas, y cuando un delito está en rojo, implica que la estrategia no es la correcta, que hay que aceptar esa realidad y replantear la estrategia. No observamos que la Guardia Nacional o los supuestos programas sociales estén impactando favorablemente en los indicadores.  
Por el contrario, el punto más relevante del Plan de Paz y de Seguridad, la Regulación de Drogas, para debilitar a las mafias y reducir la violencia extrema, no se ha llevado acabo. El Legislativo sigue inactivo en ello, ni siquiera se ha regulado el cannabis, la droga más fácil de regular y no solo eso, sino que el fallido operativo de Culiacán es justamente lo que no debe hacerse, pues ya sabemos que descabezar carteles no baja oferta de drogas y en cambio sí sube violencia. No entendemos que pretendía el Presidente con este operativo, es más de lo mismo.
La confusión y contradicción en los mensajes es muy preocupante. Por una parte se dice que "la guerra ya terminó", pero es claro que la guerra continúa pues mientras no se regulen las drogas, las mafias de narcotráfico seguirán peleando violentamente los territorios y en ese proceso, matando policías, periodistas, funcionarios y familias inocentes. 
Por una parte se hace énfasis en la necesidad de reforzar a las policías, pero por la otra, se recortan recursos presupuestales a los estados y municipios, y son éstos los que hacen la gran tarea preventiva y reactiva, tanto en lo social como en lo policial. 
Finalmente, los lemas simples de ‘abrazos, no balazos’ suenan bien para una campaña electoral, pero no constituyen una estrategia y sí en cambio, parece un mensaje confuso para que  las fuerzas armadas dejen hacer y dejen pasar. 
El gobierno federal debe cumplir con lo propuesto, regular las drogas como estrategia de paz, como estrategia para reducir el poder económico a las mafias de narcotráfico, una vez hecho eso, debe combatir el resto de delitos de alto impacto como el secuestro, la extorsión, el tráfico de personas y el huachicoleo, con inteligencia y con fuerza. 
Además, hay que reforzar presupuestalmente a las autoridades estatales tanto para programas policiacos como sociales, y respetar y fortalecer a las organizaciones civiles locales que trabajan a favor de la paz. Desafortunadamente, no vemos ese tipo de decisiones en el gobierno federal. 
Este año cerrará como el peor año en inseguridad y será muy claro de que no es cuestión de tiempo, de insistencia y de paciencia, sino de obstinación en una estrategia fallida, contradictoria y confusa. Es momento de aceptar el fracaso y replantear la estrategia. Cuando eso se haga quizá empecemos a ver un verdadero punto de inflexión.