Este es el viejo debate en los sistemas políticos avanzados, en las democracias liberales con un alto grado de desarrollo económico. 
Las políticas que promueven libertad son criticadas porque generan desigualdad. Las políticas que promueven igualdad son criticadas porque restringen libertades. 
Quienes promueven equidad pueden fijarse en dos cosas diferentes: equidad en los  procesos (igualdad ante la ley) o equidad en los resultados (menor desigualdad en los ingresos). 
Quienes defienden libertades abogarán por la equidad en los procesos: todo mundo debe ser tratado equitativamente ante la ley, no hay excepciones. Ese es el principio de las democracias liberales. Advierten que buscar la equidad en los resultados no solo es inútil, sino peligroso; nos dicen: “quienes buscan equidad en los resultados se quedan sin equidad y sin libertad“.  
Un punto a favor de ellos, es que los países más libres y más equitativos en los procesos, también son los más ricos y los más equitativos  en los resultados (países nórdicos, Nueva Zelanda, Australia) mientras que los menos libres y que supuestamente se enfocan en la equidad de resultados, son los menos equitativos. 
Es un camino peligroso que llevado al extremo, deriva en autoritarismo, despojo, abuso de poder y prerrogativas para los políticos y sus amigos, como ha sido en los sistemas comunistas o populistas, como Venezuela. Los viejos ricos se cambian por los nuevos ricos y el resto de la población se empobrece. 
Quienes defienden equidad en los resultados, aceptan la equidad en los procesos pero abogan por una compensación adicional en los resultados, como los mayores impuestos para los que más tienen, gravamen a las herencias y el papel del Estado en la redistribución de los ingresos. 
Ninguna de las dos posturas está en contra de apoyar a los más débiles para ayudarlos a incorporarse a la economía productiva, ambas reconocen el papel de la educación como un gran equilibrador y generador de movilidad social, pero la que promueve libertades advierte que los políticos no deben inmiscuirse más de la cuenta en las vidas privadas y los que promueven equidad de resultados, insisten en que es necesario hacerlo para combatir la concentración de la riqueza que juega en contra de la democracia y de la libertad.
Quienes promueven libertad abogan por la sabiduría intrínseca del mercado quienes abogan por la equidad en los resultados, advierten que en ocasiones el mercado genera asimetrías peligrosas en el mercado. Los primeros critican esta postura pues dicen que las asimetrías son ocasionadas por exceso de regulación y por el favoritismo de la regulación a favor de algunos poderosos, los segundos, sin contradecir lo anterior, dicen que la asimetría es natural al mercado en algunas ocasiones y que para corregirla debe regularse más. 
El debate es sumamente interesante y tiene muchos más matices que los que yo expongo. La verdad que no hay un ganador claro y una conclusión general. Pero sí algunas advertencias: 
  • Todo sistema complejo tiene capacidad de auto-ordenarse y lo hace con: reglas básicas, información, intención y libertad. 
  • Si no hay libertad se genera caos, no orden. 
  • El exceso de reglas genera caos, no orden. 
  • La información debe fluir por todo el sistema, si no fluye se genera caos. 
  • La intención debe ser de alto nivel de consciencia.
  • No hay mercado libre, todos los mercados están regulados en mayor o menor medida. Todo sistema tiene reglas básicas. Siempre es mejor menos reglas que más. El Universo se auto-ordena con pocas reglas. 
  • Ningún sistema complejo genera igualdad en los resultados, en ninguna parte del Universo. Si así fuera, el Universo sería una masa uniforme e inerte. La complejidad genera diversidad y desigualdad. 
  • Los políticos no tienen mejor nivel de consciencia que el ciudadano, los ciudadanos continuamente deben de acotar, vigilar y revisar ese poder.  Los políticos tienden a aliarse con los poderosos, no con los débiles aunque el discurso diga lo contrario. 
  • Buscar revertir un resultado debe ser hecho como excepción, con el máximo cuidado. 
  • Para revertir resultados es mucho más interesante y efectivo manejar estímulos positivos que negativos. Es mucho mejor fomentar la educación de calidad que castigar a las buenas escuelas, es mucho mejor fomentar la generación de energías limpias que el castigar el uso de combustibles contaminantes, es mucho mejor, fomentar la inversión que restringirla, en síntesis, siempre es mejor premiar al que obra en el sentido correcto que castigar al que no lo hace. 
Sin embargo, México no es una democracia liberal ni una economía desarrollada, su desarrollo es mediano,  y el debate es mucho más simple. 
  • Tenemos un sistema con poca transparencia en donde los políticos no son vigilados, acotados y responsabilizados por los ciudadanos. Eso juega en contra de la igualdad y de la equidad. 
  • Tenemos un sistema educativo muy deficiente que no aboga por la calidad de la educación sino por el poder político de los sindicatos de maestros. 
  • Ese poder excesivo de los políticos genera graves desigualdades ya que los amigos de los políticos encuentran tratos privilegiados: lo que se conoce como economía de compadres, y se da desde el alcalde hasta el Presidente.  Son desigualdades de proceso –injustas totalmente- que generan desigualdades de resultados.  Los beneficiarios de esto son desde empresarios poderosos y líderes sindicales, hasta amigos y familiares de los políticos. 
  • Las libertades no son plenas ni están bien garantizadas. No hay seguridad, hay riesgo en la libertad de expresión y la propiedad privada no está garantizada: el Estado es “dueño” de tus propiedades como lo era en la Colonia. 
  •  Tenemos un gobierno que dista mucho de ser eficaz, eficiente y honesto. Por ello, debemos tener especial cuidado en darle mayor poder a los políticos. 
  • El cambio hacia un sistema más eficaz y justo, debe venir entonces por lo primero: la libertad para los ciudadanos y la equidad en los procesos. Una vez que se obtenga esto, se puede entrar a las discusiones de más altura de las democracias liberales avanzadas.  
En resumen, no se puede hablar de mayor equidad en los resultados si no contamos con lo básico en equidad en los procesos y en libertades individuales. El Índice de Libertad Económica lo resume muy bien. Tenemos dos focos rojos: Mal gobierno (ineficacia y corrupción) y un sistema judicial ineficaz.  Y un foco amarillo: la propiedad privada no está garantizada mas que parcialmente.  Yo agregaría dos resultados muy negativos del mal gobierno: la inseguridad y la mala educación 
¿Quién puede corregir esto? 
La sociedad organizada es quien mejor construye sistemas eficaces. No se construyen de inmediato, llevan años de prueba y error y batallas contra el abuso del poder.  
Las relaciones internacionales políticas y comerciales también suelen tener una influencia positiva en el desarrollo político de los sistemas. 
¿Puede un líder agilizar el proceso? Sí, pero es raro ya que los políticos no suelen tener un buen nivel de consciencia y acaban buscando la concentración y la permanencia en el poder.  En la historia, los ejemplos de un buen líder son escasos y los abusos, la regla. Los políticos suelen fortalecerse a sí mismos, no al sistema. 
En resumen, por su grado medio de desarrollo económico y político, México debería centrarse en la libertad y en la equidad de procesos (combate a los privilegios de proceso o la economía de compadres) antes que pensar en la equidad de los resultados, y debería hacerlo acotando el poder de los políticos y no confiando en las supuestas bondades de sus políticos. 
El desarrollo económico naturalmente genera desigualdad y diversidad, esas en su momento,  son corregibles y atenuables con el tiempo y medidas muy precisas y cuidadosas que enfaticen los estímulos positivos. Lo que no debemos tolerar es el mal gobierno, la inequidad de procesos y la falta de libertades que son las que en este momento, nos generan la mayor cantidad de desigualdades de resultados. 
Santiago Roel R.