Hay dos dependencias que estorban al buen gobierno: la SHCP y la Función Pública. Ambas se encargan de controlar los recursos del gobierno y la administración del presupuesto. Sin embargo, los excesos de control que ejercen son draconianos e inmovilizan al gobierno, lo ahogan con burocracia, prepotencia  y centralismo. Todo ello, va en perjuicio de los clientes del gobierno: nosotros los ciudadanos. 
EXCESO DE CONTROL  Y EFECTO PARADOJA 
Los sistemas complejos no se controlan, se auto-ordenan. Es imposible controlar un sistema tan complejo como la administración pública. El afán de control es un paradigma obsoleto, peligroso y contraproducente que juega en contra del orden, de la eficacia, de la eficiencia y de honestidad.  
Es el más claro ejemplo de lo que llamo  "efecto paradoja" en donde se logra justamente lo que se quería evitar: despilfarro, desperdicio, poca efectividad, ineficiencia, corrupción e insatisfacción del cliente. 
¿CÓMO SE ORDENAN LOS SISTEMAS COMPLEJOS?  
Con:
  • Reglas 
  • Información 
  • Buen nivel de consciencia en la intención
REGLAS 
Las reglas deben ser pocas, muy claras y deben permitir la libertad del sistema. Un buen ejemplo de ello es un sistema de tránsito: Todos entienden las reglas y todos circulan en libertad por las calles. No se requiere un agente de tránsito en cada vehículo para controlar al conductor. 
El mayor pecado es el exceso de reglas, pues juega en contra del entendimiento, pueden ser contradictorias y sobretodo, ahogan la libertad de las partes del sistema. Se generan choques, desabastos y cuellos de botella. 
Cuando me tocó estar al frente de la modernización del Gobierno Federal, allá por 1996-1998, en la Unidad de Desarrollo Administrativo de la Función Pública (antes SECODAM), lo primero que hicimos fue integrar un grupo de innovación conformado por la Subsecretaria de Egresos (Santiago Levy), la propia SECODAM y todos los Oficiales Mayores de cada dependencia. 
La misión era simplificar esto, pues había mas de mil reglas contables y de presupuesto. Le dimos una primera rasurada al tema, pero no llegamos al fondo y como el sistema no me aguantó mucho tiempo, la labor se quedó a medias. Un gran opositor de esta reforma era mi propio jefe, el Secretario Arsenio Farell, quien no estaba dispuesto a ceder el control y el poder, o la "ilusión de poder". 
El modelo a seguir era el sistema presupuestal australiano que a cambio de claridad estratégica, daba extrema libertad de administración presupuestal a las dependencias. 
En 1994, nosotros habíamos logrado esto en el gobierno de Nuevo León. Actuando como Secretario de  Administración del gobierno estatal, logramos darle independencia administrativa a las diferentes dependencias a cambio de un estricto control de techo presupuestal. ¿Qué logramos? Los servicios mejoraron sustancialmente (satisfacción de los clientes, tiempos de entrega) y además, logramos bajar el gasto administrativo en un 40%. 
SISTEMA TONTO SIEMPRE LE GANA A FUNCIONARIOS INTELIGENTES  
El gobierno federal está sobre-regulado al interior y eso lo convierte en un sistema tonto que provoca caos, no orden. De los tres niveles (federal, estatal y municipal) el federal es el más regulado y por ende, el más tonto de todos. 
No importa que tan brillantes sean los funcionarios, el 85% de los resultados son del sistema, el sistema siempre gana, por eso se debe cambiar al sistema. Un buen sistema por cierto, da buenos resultados a pesar de que sus operadores no sean tan brillantes.  
INFORMACIÓN
El libre flujo de información relevante y oportuna es indispensable para lograr el orden del sistema. Pocas reglas y mucha información es la receta correcta. 
En 1994, desde la Secretaria de Administración,  creamos un sistema de información presupuestal que le daba información en tiempo real a los administradores del gobierno de Nuevo León. Mientras la tesorería escondía los números, nosotros los hacíamos públicos al interior del gobierno para que cada quien supiera lo que tenia en la chequera y lo que se había gastado y en qué se habia gastado (las compras estaban centralizadas y las hacíamos nosotros).  
El paradigma de la Tesorería estatal era "no les des información pues se van a gastar más dinero" el nuestro era diametralmente opuesto: "vamos a tratarlos como adultos y apreciar su gran capacidad administrativa, con información serán mejores administradores". Tuvimos razón nosotros y la Tesorería, los ahorros y la eficacia lograda nos dieron la razón. 
Con tristeza vemos sin embargo, que el gobierno federal sigue tratando a los oficiales mayores de cada dependencia como menores de edad y a veces, como delincuentes, en lugar de darles la responsabilidad del ejercicio a cambio de resultados. 
BUEN NIVEL DE CONSCIENCIA EN LA INTENCIÓN
Esto es lo más difícil de entender y a la vez, lo más sencillo, pues cuando  hay un buen nivel de consciencia todo los demás -reglas e información- se alinean en la dirección correcta. 
Los sistemas presupuestales tradicionales, sub-desarrollados, están en un nivel de consciencia del TEMOR, tratan a los empleados y clientes como menores de edad, esconden la información y ponen trabas a la buena administración. El afán no es la eficacia sino el control y el poder personal. 
El nivel de consciencia deseado para la buena administración es la RAZÓN, que es un nivel muy alto, en donde operan criterios de eficacia, eficiencia, satisfacción del cliente, reconocimiento de ahorros, libertad administrativa y revisión contante por indicadores de resultados, no por actividad. 
AMLO, IMSS  y  REFORMA ADMINISTRATIVA 
A AMLO le ha explotado la estupidez del sistema en la cara con el desabasto y mal servicio del IMSS, pero los síntomas están en todas partes, en todas las dependencias  y no son nuevos.  
No es culpa de él haber heredado un sistema tonto, pero el haber descartado a servidores públicos de experiencia por amigos del régimen, el ahorcar el presupuesto con fines de financiar  proyectos faraónicos inviables  y el descartar la importancia de una reforma administrativa que urge y que nosotros propusimos desde el año pasado, ha empeorado la situación. 
No veo salida al problema porque no hay el nivel de consciencia  para el cambio.  La Reforma Administrativa es indispensable para el buen gobierno. Nosotros incluso planteamos la necesidad de hacer una alianza con cámaras empresariales y gobiernos modelo de otros países para lograrlo; para que no dependa de algún funcionario, para que no se caiga el proceso si corren al innovador, como me pasó a mi.  No veo incluso, el entendimiento del problema, es decir, cuando menos la aceptación como nivel de consciencia. 
Los problemas administrativos quizá se aminoren pero no se van a resolver y serán motivo de insatisfacción en los gobernados con la actual administración y específicamente, con AMLO.  
¿Qué acaso no hay gobernantes en México que entiendan que servir al cliente es lo más importante? 
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