México se encuentra en un punto de inflexión en donde –como héroe mitológico-  debe penetrar al infierno y enfrentarse sus propios demonios. Es momento de enfrentar su sombra. 
La Sombra es uno de los conceptos más interesantes en psicología.  El gran arquetipo de Jung. Es nuestro lado más oscuro, lo que no queremos ver de nosotros mismos, lo que más energía consume para reprimirse y lo que más dolor causa cuando se manifiesta.  Cada quien tiene su sombra personal pero también hay sombras colectivas que nos afectan. 
Está íntimamente ligada a las necesidades básicas de supervivencia, de sexo y de poder.  Se esconde y se racionaliza para no verse. Se sataniza y se proyecta en otros como si fuera un enemigo externo, y cuando eso tampoco funciona, se crea un chivo expiatorio para sacrificarlo ante los dioses, para expiar culpas, para tranquilizar tempestades.  ¡Qué fácil es pensar que el mal está en otros y no dentro de nosotros mismos! 
Pero la sombra no se va a ninguna parte, entre más se niega más fuerte se hace. No es fácil trabajar con la sombra, la única manera de hacerlo es enfrentarla con compasión, humildad y valentía. Si no lo hacemos, tarde o temprano se manifiesta a su manera: sorpresiva, violenta y devastadoramente, como un terremoto, y hasta escoge fechas conmemorativas. 
Desde el 2008, la sombras colectivas emergen -con mayor fuerza -en todo el mundo, como en su momento lo hicieron en los años sesenta. Cuestión de sincronía de arquetipos, diría Jung. La crisis financiera, las primaveras árabes, los casos de pederastia de la Iglesia, el abuso contra las mujeres,  la pérdida de fe en las instituciones y en la política, la corrupción en los deportes, la concentración de la riqueza, el terrorismo, son sólo algunos de los síntomas negativos.  Cada país y cada institución ha tenido que enfrentar la propia.  Algunos lo resuelven, otros no. 
¿Cuál es la sombra que ha emergido en México desde el 2008? Una guerra importada llamada Plan Mérida.  
Esta guerra nos muestra la cara más oscura de México, la más dolorosa; la violencia, la corrupción, el descrédito y la vergonzante sumisión ante los EUA.  Nos humillamos ante otros y ante nosotros mismos. 
Los políticos evaden el tema. Los candidatos no se atreven a hablar de eso. Los ciudadanos no acaban de entenderlo y - a pesar de su odio hacia los políticos- buscan un líder que lo resuelva por ellos. Pareciera que México aun insiste en reprimir su sombra y hacerse la guerra a sí mismo. 
Quisiéramos ganarle la guerra a la sombra, pero ésta no acepta hipocresías. Tiene que ser enfrentada con total honestidad y valentía. La sombra se trabaja con luz, no con oscuridad. La paz se logra con estrategias de paz, no de guerra. 
Toda sombra contiene algo positivo, la Sombra Dorada: El premio de haber bajado al infierno y rescatado lo más valioso de sí mismo. Así México puede salir de esto mostrándose como un país inteligente, innovador y líder. Un país que reguló sus drogas para reducir daños, eliminar causas y salir adelante. Un país que puede ser victorioso porque se supo derrotado y tocó fondo. 
“¿Por qué hablas tanto de eso, Santiago?” Me preguntan algunos amigos. Otros me  reclaman con más énfasis “¡eres terco!” Pero más tercos son los muertos, nunca habíamos tenido tantos.  Ellos son los que insisten.  Terca es la corrupción del plata o el plomo; los incentivos de un mercado negro. 
Terco era  Calderón quien insistía en ganar la guerra porque estaba “mejor armado que el crimen organizado”. Terco ha sido Peña Nieto cuando cree que hacer más de lo mismo le va a dar un resultado diferente.  Tercas son la ONGs que pontifican en mejorar las instituciones sin entender que nada funcionará si no le quitamos el negocio a las mafias. Tercos son los empresarios que buscan soluciones en Colombia en lugar de verlas en Uruguay, Suiza, California o Canadá. Tercos son los candidatos que creen que al callar pueden ganar la elección o al proponer distracciones como una amnistía, como si esto fuera una guerra civil. 
Tercos somos todos al querer meter toda esta tragedia bajo la alfombra con el famoso “es que se matan entre ellos” o “la culpa la tiene el gobierno” o “no estamos preparados”. 
Terca es la Sombra implacable que se cansa de no ser reconocida y que se hace valer con violencia.  No queda de otra, tenemos que enfrentarla para integrarla y resolverla. 
El trabajo siempre es de cada quien consigo mismo y en lo colectivo, hasta que surge un momento de inflexión, una masa crítica.  ¿Será ya tiempo de entenderlo o necesitamos más infierno?  ¿Posponemos o resolvemos?