Me preocupa que tantos mexicanos crean que el problema de mal gobierno en México sea un problema de "moralidad" como lo expresa AMLO o "cultural" como lo dijo Peña Nieto, el primero se vende, el otro se justifica. 
La corrupción o la ineficacia tienen que ver con un problema sistémico; el sistema mexicano permite, tolera y fomenta la ineficacia y la corrupción. Ambos son manifestaciones de un sistema deficiente. Por tanto, el énfasis debe ser en entender y corregir -prueba y error-lo que no funciona. 
Tampoco es un problema que se va a resolver por la vía electoral. Las elecciones cambian de políticos y colores pero todos operan dentro del mismo sistema. Es un problema de mal gobierno, no electoral. 
Sí, la democracia es fundamental para avanzar hacia el buen gobierno, pero no es equivalente. Todo político y funcionario debe ser vigilado y evaluado por la comunidad de manera pública. Los servicios de gobierno deben estar sujetos a la evaluación de los clientes; las políticas públicas, deben ser evaluadas por todos los ciudadanos; el manejo de los recursos debe ser "póker abierto" para que tengamos lo que llamo un sistema de "Contraloría Total". 
No hay políticos más "morales" que otros, hay políticos que aceptan la crítica y vigilancia de los ciudadanos y otros que se oponen a ella. La mayoría está en el segundo caso. No podemos estar sujetos a la buena voluntad del político, el sistema debe vigilar a todos por igual. 
Tú y yo, fuera del poder, podemos parecer más éticos y eficaces, pero insisto: estamos fuera del poder. Una vez que nos sentamos en la silla, estaremos tentados a seguir nuestro propio interés y no el de la comunidad. Por eso, nadie debe estar exento del escrutinio público cotidiano. 
Venderse como el de mejor "moral" (el más ético) o como el más eficaz o la "esperanza" del país, no sólo es peligroso porque desvía la verdadera solución del problema, que es sistémica y no de personas, sino peligrosa, porque en el fondo pretende sujetar al sistema a la voluntad de una sola persona; equivale a decir "el sistema soy yo" y solamente yo me vigilo a mi mismo o como AMLO dijo algún día: "al diablo con las instituciones". 
Los sistemas eficaces y honestos son los que permiten y fomentan la vigilancia de todos por todos, no por unos cuantos y definitivamente nunca, por el mismo que ejerce el poder. 
La "esperanza" de México, por tanto, no está en el carisma de algún líder, sino en la apertura del sistema al escrutinio público permanente e implacable. 
Los que ejercen el poder -sean del color que sean o incluso independientes- siempre se resistirán a ello, por tanto, el esfuerzo y la persistencia de construir un mejor sistema siempre recae en nosotros, los ciudadanos.
Autor: Santiago Roel R