Siempre es el mayor obstáculo al buen gobierno. Un ego fuerte que necesita aplausos y reconocimientos constantes es una debilidad en cualquiera pues nos muestra una gran inseguridad, una falta de madurez, un bajo nivel de consciencia que es incapaz de pensar en los demás. No hay empatía más que consigo mismo.
Defender al ego es una tarea permanente y desgastante. Todas las decisiones van en función de si el resultado logra el aplauso de la multitud. Ninguna cantidad de aplausos es suficiente, es un barril sin fondo.
Los políticos no tienen el monopolio sobe el egocentrismo, todos podemos padecer de él, pero generalmente lo representan bien y ese precisamente ese ego el que les impide hacer un buen papel y eventualmente, perder el poder político y ganarse el descrédito.
Los signos más visibles de un político narciso son:
  • Invierten recursos públicos en obras icónicas con las cuáles quieren ser identificados.
  • Destruyen obras, proyectos y programas de políticos anteriores porque no es de ellos.
  • Intentan controlarlo todo. No toleran la diversidad o la pluralidad. Sus equipos son poco eficaces porque se premia al que aplaude y obedece servilmente, no al que actúa con inteligencia y libertad.
  • No toleran la crítica ni al interior ni al exterior. Niegan o minimizan los problemas. En lugar de aceptar, proyectan el problema propio en algún enemigo real o imaginario, en un chivo expiatorio de sus propias culpas o responsabilidades.
  • No les interesa el bienestar de la población- aunque lo recalcan en todo momento- les interesa el aplauso fácil, inmediato.
  • Suelen ser malos administradores; son poco eficaces y corruptos.
  • Centralizan el poder en sí mismos. No aceptan límites.
  • Usan los recursos públicos como propios.
  • No son transparentes.
  • Ante las crisis suelen quebrarse y actuar con más prepotencia. Los síntomas se recrudecen.
¿Por qué buscan con tanto afán ese poder externo? Porque en el fondo se sienten poco poderosos, de poca valía y quieren compensar ese vacío con lo externo.
En resumen, no han entendido que el único poder es es el poder interno y que lo demás es una ilusión peligrosa para ellos y para los demás.
SISTEMAS FUERTES  Y ANHELO  DE REPRESENTACIÓN
Dicho eso, los sistemas políticos más avanzados construyen reglas para ponerle un límite al poder de los gobernantes. Los sistemas menos avanzados toleran el desborde del ego de sus gobernantes y la concentración de poder.
El populismo, tan de moda en el mundo en estos días, es la aceptación y el fomento del político narciso. Pareciera que tenemos una sociedad enferma que busca un representante enfermo. Un político "fuerte" con el cual identificarse para recuperar el "poder perdido" y al cual defender con furia.
La otra hipótesis es que hay una buena cantidad de ciudadanos que no se sienten representados por su sistema político y que desafortunadamente, se dejan llevar por la demagogia de sus políticos en la ilusión de que ahora, sí, cuentan con alguien fuerte que los representa.  
Santiago Roel  R.